Querido diario,
Estos días me siento renovado. Tengo que reconocer que en 25
años de experiencia docente me ha dado tiempo a todo: a veces me he sentido
lleno de energía, innovador, con ganas de comerme el mundo y de ser el mejor
profesor de la tierra, y otras veces me he sentido cansado, no valorado en
absoluto por la sociedad ni por la administración, agotado.
Hoy tengo energías nuevas. He descubierto algo que ya venía
intuyendo y que encaja perfectamente con mi manera de dar las clases, una
manera que quiere estar basada en la práctica, en la que prima la educación
integral y práctica sobre los conocimientos teóricos. Hoy he descubierto el “Flipped
Classroom”.
Fuente: www.theflippedclassroom.es
Algo había oído hablar de esta metodología, pero reconozco
que mis ideas previas eran bastante confusas: que si tenía que ver con vídeos,
que si era un enfoque práctico,…
Hace meses había sentido la necesidad de inscribirme en algún
curso de “Flipped Classroom”, pero entre la vorágine del día a día nunca había sacado
el tiempo.
Ahora por fin lo he hecho. Y la experiencia está siendo muy
positiva. Ahora sé que es quizá el antídoto para combatir el mal de los
estudiantes del siglo XIX: la falta de motivación.
Os voy a contar una historia. Cuando yo era pequeño, tenía
un profesor que se llamaba Don Marcelino. Don Marcelino tenía muchos dones,
pero entre ellos no estaba el de hacer una clase amena. Te soltaba una retahíla
de datos, con su voz monótona, y tú tomabas nota como podías y a veces lo ojos
se te cerraban. Ahora sed honestos: ¿Quién no ha tenido un Don Marcelino es su
vida?. Y más honestos todavía: ¿quién no ha tenido muchos Don Marcelinos cuando
era estudiante?.
En mis clases de Flipped Classroom me quiero convertir en un
anti Don Marcelino.
Ya he hecho mis pinitos, aunque estoy empezando y soy
consciente de que aún me queda un largo camino por recorrer.
¿Cómo lo hago?.
Fácil: grabo una serie de vídeos
educativos donde explica la lección y los subo a Internet para que el
alumno pueda verlos en su casa, antes de la clase. Los estudiantes se ven los
vídeos en casa, a su propio ritmo, y se comunican on-line entre ellos. Para
ellos esto es lo natural: usan el móvil o el ordenador para todo. Se pasan el
tiempo viendo vídeos. Y encima los de clase son cortitos (de unos 5 minutos).
Al día siguiente,
cuando empieza la lección presencial en el aula, el tiempo de la clase se
dedica a facilitar y potenciar otros procesos de adquisición y práctica de
conocimientos dentro del aula.
Fuente: slu.edu (Sant Louis University)
Para que os hagáis una idea, yo dedico la
clase a hacer prácticas (en Formación Profesional es importantísimo formar profesionales
prácticos), resolver dudas, investigar (por ejemplo, qué nuevas formas de
resolver averías se les ocurren a mis alumnos) o trabajar por proyectos (tienen
que sacar un proyecto delante de forma colaborativa).
¿Y sabes que, diario mío? Que los estudiantes se sienten muy
motivados, sienten que le haces más caso, que se aburren mucho menos y que
encima están aportando nuevas ideas de cómo resolver problemas. Sienten que su
aportación es valiosa, y eso hace que se sientan bien, que tengan ilusión por
trabajar y el aprovechamiento de las clases sea mayor.
Como te digo, estoy empezando.
Me ha sorprendido especialmente una variante del modelo que
se llama "In-class Flipped", y que a mi juicio está especialmente indicada
para Formación Profesional.
En esta variante, el profesor también graba
previamente los vídeos con los contenidos de la clase, pero en lugar de basarse en que los
estudiantes vean el contenido en casa, el vídeo se convierte en
una “fase” o “rincón” en la clase en la que los alumnos van rotando. El
resto del tiempo se dedica a otras actividades de trabajo, que están organizadas en "islas de tares", en las que el alumno va rotando. En esas "islas" mis alumnos hacen prácticas, investigan nuevas formas de trabajar, o trabajan de manera colaborativa, como ya he indicado. Cuando terminan en una isla, rotan.
Fuente: https://www.youtube.com/watch?time_continue=9&v=hhq3Yn_QgIA
¡Es increíble lo bien
que se puede aplicar a las islas de tareas tradicionales, un modelo que los docentes debemos
aplicar en nuestro día a día (casi por supervivencia, para mí es el modelo
natural de las clases de F.P) para hacer prácticas debido a la imposibilidad de
tener muchas unidades de equipamiento costoso para cada grupo de 2, 3, o 4
alumnos (en su lugar tenemos una unidad de cada, y así nace la idea de las
islas, como digo por pura superviviencia en la clase). Es sin duda la extensión natural de este modelo.
¡Me ha encantado lo bien que lo puede aplicar y encima sacar
más tiempo para las prácticas!
Lo mejor es que esto está empezando. ¡Siento que aún hay un mundo entero por descubrir!





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